Graeber, Menger y Bitcoin
Los hechos no hablan por sí solos

A raíz de una conversación en Nostr, Kiko Tsuki me recomendó la lectura de este ensayo: https://nakamotobook.com/libro-sin-dueno-graeber-la-deuda-y-el-diseno-de-bitcoin/. Le dije que lo leería en cuanto pudiera y así lo he hecho. Lo agradezco, porque el texto plantea cuestiones interesantes y permite discutir un problema que va bastante más allá de la comparación entre Menger y Graeber.

Mi principal discrepancia aparece precisamente en el punto de partida. En las ciencias sociales los hechos no hablan por sí solos. Los fenómenos históricos, antropológicos y económicos solo pueden ser comprendidos e interpretados desde un marco teórico previo. La existencia histórica de relaciones de deuda, crédito, trueque, monedas o unidades de cuenta no nos proporciona, por sí sola, una teoría del dinero.

Y, hasta donde alcanza mi conocimiento, no he encontrado una teoría del dinero que, considerada en su conjunto, explique mejor estos fenómenos que la desarrollada por la Escuela Austriaca. Digo deliberadamente «Escuela Austriaca» y no simplemente «teoría de Menger», porque una cosa es Menger y otra una tradición intelectual que se desarrolla a partir de algunos de sus planteamientos, los amplía, los modifica y, cuando corresponde, también los critica. A partir de ahí, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek, Rothbard y muchos otros fueron desarrollando un cuerpo teórico que no puede reducirse a la obra de uno solo de ellos. Incluso pueden rastrearse antecedentes de algunos de esos planteamientos mucho antes de Menger, como han señalado quienes encuentran precedentes relevantes en la Escuela de Salamanca.

Una tradición científica que se limitara a repetir literalmente a uno de sus autores de referencia dejaría de ser una tradición viva para convertirse en un culto. Por eso tengo ciertas reservas cuando el artículo habla repetidamente de una «lógica mengeriana» y contrapone después cartalismo y «metalismo» como si con ello quedara suficientemente caracterizada la alternativa austriaca.

Hay además un problema bastante más profundo en esa caracterización. El artículo afirma que Bitcoin no encaja en el «metalismo estricto» porque carece de un «valor-mercancía intrínseco» que reconocería la teoría austriaca clásica. Pero la teoría austriaca del valor niega precisamente que el valor sea intrínseco a los bienes. El valor no está contenido en el oro, en una mercancía ni, naturalmente, en Bitcoin. Surge de la relación entre un sujeto, sus fines y los bienes que considera aptos para alcanzarlos. En ese sentido, presentar la alternativa austriaca como una teoría que necesita algún tipo de «valor intrínseco» de la mercancía me parece equivocado.

Tampoco creo que la cuestión pueda resolverse preguntando simplemente qué fue históricamente primero, el trueque o el crédito. La aportación esencial de Menger no consiste, a mi juicio, en proponernos una cronología universal según la cual toda sociedad deba atravesar necesariamente una etapa de trueque puro antes de descubrir el dinero. Lo relevante es la explicación económica del intercambio indirecto y de cómo determinados bienes pueden adquirir una demanda adicional porque los individuos descubren que su mayor comerciabilidad les permite acercarse a sus fines.

Que en determinadas sociedades históricas encontremos relaciones de crédito, unidades de cuenta o complejos sistemas de obligaciones no elimina ese problema teórico. Antes bien, tendremos que explicar económicamente qué hacen los individuos que participan en esas instituciones, qué están intercambiando, qué bienes cumplen funciones monetarias y por qué son aceptados.

Por eso tampoco estoy seguro de que Bitcoin constituya ese «tercer caso» que el artículo sitúa entre cartalismo y metalismo. Bitcoin es tecnológicamente novedoso, desde luego. Pero que el objeto estudiado sea nuevo no implica necesariamente que necesitemos una teoría económica completamente nueva para comprenderlo. Que Newton nunca viera un avión no convirtió la aparición del avión en una refutación de la mecánica newtoniana.

Bitcoin puede obligarnos a revisar aplicaciones concretas de nuestras teorías y puede mostrarnos fenómenos que Menger o Mises no pudieron contemplar. Pero seguimos teniendo que explicar la acción de quienes lo adquieren, conservan, intercambian o utilizan como medio para alcanzar determinados fines. Seguimos necesitando teoría del valor, del intercambio indirecto, de la comerciabilidad, de la demanda monetaria y de las instituciones sociales. Y precisamente ahí me parece que la tradición austriaca sigue proporcionando un marco extraordinariamente potente.

Por supuesto, nada de esto invalida el interés de Graeber. La antropología y la historia pueden enseñarnos muchísimo sobre las formas concretas que han adoptado la deuda, el crédito, el poder político y las instituciones monetarias. Lo que cuestiono es que esa evidencia histórica pueda sustituir a la teoría económica que necesitamos para interpretarla.

Quizá por eso mi aproximación sea distinta. No parto de Menger para comprobar después si Bitcoin obedece sus palabras. Parto de una tradición teórica mucho más amplia e intento comprobar hasta qué punto permite explicar un fenómeno nuevo como Bitcoin. Y, hasta ahora, no he encontrado otra teoría del dinero que, considerada en su conjunto, me permita hacerlo mejor.

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